Este artículo presenta resultados de la investigación “Factores del capital cultural, económico y social del estudiante y su relación con el rendimiento académico esperado en el primer semestre de carreras de grado: evidencia en una universidad privada de Paraguay (cohortes 2017–2021)” (Gutiérrez, 2022).
Los estudiantes que acceden a la educación superior provienen de contextos culturales, económicos y sociales heterogéneos que configuran su capital personal, entendido desde la perspectiva de Pierre Bourdieu como combinación de capital económico, cultural y social (Bourdieu, 1986; Bourdieu, 2001). El objetivo de este estudio fue identificar y categorizar los factores del capital cultural, económico y social asociados con el rendimiento académico esperado al término del primer semestre de carreras de grado, en las áreas de Ciencias de la Salud, Humanidades y Filosofía, y Comercio y Administración, en una universidad de gestión privada del Paraguay, considerando las cohortes 2017–2021.
Se desarrolló un estudio no experimental, ex post facto, de enfoque cuantitativo, con alcance descriptivo y correlacional, y corte transversal, sobre una muestra probabilística estratificada por área del saber. Se aplicó un cuestionario estructurado para relevar retrospectivamente información sobre capital cultural, económico y social durante el cursado del primer semestre; el instrumento fue validado por juicio de expertos mediante el Coeficiente de Validez de Contenido (CVC), según la propuesta de Hernández‑Nieto (2011). Para evaluar la asociación entre el rendimiento académico esperado (aprobación de todas las asignaturas del primer semestre en la primera oportunidad) y los factores del capital personal se utilizó el Test Exacto de Fisher, y para estimar la magnitud de las relaciones se calculó el Coeficiente de Cramér V.
Los resultados permitieron elaborar perfiles de estudiantes por área del saber y evidenciaron que los factores del capital cultural y económico presentan asociaciones estadísticamente significativas con el rendimiento académico esperado al finalizar el primer semestre, con magnitudes de relación que oscilan entre pequeñas y moderadas según el indicador y el área. En contraste, no se verificó una relación significativa del capital social —operacionalizado a través de redes de conocidos, grupos de estudio y amistades universitarias— con el rendimiento en ninguna de las áreas analizadas. Se discute la necesidad de diseñar políticas institucionales de apoyo académico y socioeconómico focalizadas en las dimensiones de capital cultural y económico identificadas como relevantes para la permanencia y el desempeño inicial en la educación superior.
Palabras clave: capital cultural; capital económico; capital social; rendimiento académico; educación superior, Bourdieu
En las últimas décadas, América Latina ha experimentado una expansión sostenida de la educación superior, con incremento de la matrícula, proliferación de programas académicos y diversificación de instituciones, proceso que suele conceptualizarse como masificación de la educación universitaria (Ferreyra et al., 2017; Sáinz González y Barber de la Torre, 2019). Informes regionales señalan que el número de estudiantes en educación superior en América Latina y el Caribe ronda los 20 millones y que existen más de 60.000 programas académicos, advirtiendo que, pese al aumento de oportunidades de acceso, menos de la mitad de quienes ingresan logra concluir sus estudios de grado (Ferreyra et al., 2017). Esta expansión cuantitativa se acompaña de desafíos vinculados al ingreso, la permanencia y la graduación, especialmente concentrados en el primer año, periodo en el que se observan tasas elevadas de deserción y bajo rendimiento académico (Beltrán y La Serna Studzinski, 2009; Ferreyra et al., 2017).
La educación superior ha sido reconocida por la UNESCO como un bien público que contribuye a la reducción de la pobreza, al desarrollo sostenible y al progreso social, lo que implica responsabilidades estatales en cuanto al aseguramiento del acceso, la equidad y la calidad (UNESCO, 2009). En el Paraguay, la Constitución Nacional y la legislación específica en materia de educación superior establecen el derecho a la educación media, técnica y universitaria, y promueven la formación científica y tecnológica. En este contexto, el sistema de educación superior ha experimentado un crecimiento notable del número de universidades e institutos superiores y de su alcance territorial: hacia 2019–2021 se registró un incremento sostenido de egresados de la educación media y de la matrícula universitaria (CONACYT, 2020; SITEAL–UNESCO, 2019). Esta coyuntura plantea la necesidad de comprender los factores que facilitan u obstaculizan el rendimiento académico y la permanencia, particularmente en el primer semestre de las carreras de grado.
Desde la perspectiva de Pierre Bourdieu, los estudiantes se incorporan a la universidad portando distintos volúmenes y estructuras de capital económico, cultural y social, que condicionan su posición en el campo educativo y sus posibilidades de éxito académico (Bourdieu, 1977; Bourdieu, 1986; Bourdieu, 2001). El capital económico comprende los recursos monetarios y patrimoniales que pueden traducirse en condiciones materiales propicias para el estudio; el capital cultural, en sus formas incorporada, objetivada e institucionalizada, incluye la herencia cultural familiar y regional, la trayectoria escolar previa y los hábitos de estudio; y el capital social se compone de las redes de relaciones que proporcionan apoyo, información y oportunidades (Bourdieu, 1986; Bourdieu, 2001). Estos capitales no se distribuyen de manera homogénea y contribuyen a explicar diferencias de rendimiento entre estudiantes que provienen de contextos sociales diversos, más allá de sus capacidades individuales (DiMaggio, 1982; Lareau, 2011).
En el Paraguay, el aumento de la oferta de educación superior y el crecimiento de la cantidad de egresados de la educación media han ampliado las posibilidades de acceso a estudios universitarios, pero simultáneamente han puesto en evidencia tasas significativas de abandono y rezago, concentradas especialmente en el primer año de carrera (CONACYT, 2020; SITEAL–UNESCO, 2019). Esta situación adquiere particular relevancia en universidades de gestión privada, donde confluyen formas específicas de financiamiento, perfiles socioeconómicos heterogéneos y exigencias académicas que interactúan con los capitales que los estudiantes aportan al ingresar. Considerando que el primer semestre suele constituir un período crítico que anticipa trayectorias de permanencia o abandono, resulta especialmente pertinente analizar cómo los factores del capital cultural, económico y social se relacionan con el rendimiento académico esperado al finalizar dicho semestre.
En este contexto se inscribe la investigación que da origen al presente artículo, titulada “Factores del capital cultural, económico y social del estudiante y su relación con el rendimiento académico esperado en el primer semestre de carreras de grado: evidencia en una universidad privada de Paraguay (cohortes 2017–2021)” (Gutiérrez, 2022). El objetivo general del estudio fue determinar cuáles son los factores del capital cultural, económico y social que se asocian con la aprobación de todas las asignaturas del primer semestre en estudiantes que iniciaron carreras universitarias de grado entre 2017 y el primer semestre de 2021 en una universidad de gestión privada del Paraguay, considerando las áreas de Ciencias de la Salud, Humanidades y Filosofía, y Comercio y Administración (Gutiérrez, 2022). Los objetivos específicos consistieron en: a) identificar los factores del capital cultural, económico y social relacionados con el rendimiento académico esperado en estudiantes que cursaron el primer semestre en el periodo señalado, agrupados por área del saber; b) determinar la magnitud de la asociación entre dichos factores y el rendimiento académico esperado; y c) definir, con base en los datos estadísticos, el perfil del estudiante por área del saber para las cohortes 2017–primer semestre 2021 (Gutiérrez, 2022).
La hipótesis central planteó que existe una relación estadísticamente significativa, de magnitud al menos moderada, entre determinados factores del capital cultural, económico y social y el rendimiento académico esperado al término del primer semestre, con posibles diferencias en la importancia relativa de cada tipo de capital según el área del conocimiento (Gutiérrez, 2022). El estudio se enmarca en la línea institucional de innovación e investigación en educación y busca aportar evidencia empírica que oriente el diseño de estrategias de nivelación, acompañamiento y apoyo a la permanencia estudiantil en el primer tramo de la educación superior (Gutiérrez, 2022).
Se desarrolló un estudio no experimental, ex post facto, sustentado en el paradigma positivista, dado que se partió de marcos teóricos consolidados sobre capitales del estudiante y rendimiento académico para formular hipótesis que se contrastaron mediante medición cuantitativa y análisis estadístico (Gutiérrez, 2022). El diseño fue no experimental porque no se manipularon las variables independientes y ex post facto porque se observaron situaciones ya ocurridas —el cursado del primer semestre entre 2017 y 2021— reconstruyendo retrospectivamente la situación de capital cultural, económico y social de los estudiantes durante dicho periodo. El enfoque fue cuantitativo, con alcance descriptivo y correlacional, y corte transversal, al analizar en un único momento de medición las asociaciones entre el rendimiento académico esperado y los factores del capital del estudiante (Gutiérrez, 2022).
El estudio se realizó en una universidad de gestión privada del Paraguay cuya oferta académica incluye carreras en las áreas de Ciencias de la Salud, Humanidades y Filosofía, y de Comercio y Administración, clasificadas según los criterios y categorías de áreas del saber establecidos por el Consejo Nacional de Educación Superior (CONES) (Gutiérrez, 2022). La institución recibe estudiantes provenientes de distintos contextos socioeconómicos y trayectorias educativas, en consonancia con la masificación del sistema de educación superior paraguayo descrita en los informes recientes de indicadores de ciencia, tecnología y educación superior (CONACYT, 2020; SITEAL–UNESCO, 2019).
La población estuvo constituida por estudiantes de carreras de grado de la universidad estudiada que se inscribieron para cursar el primer semestre entre 2017 y 2021, en las áreas de Ciencias de la Salud (
La muestra fue probabilística, con muestreo aleatorio simple estratificado por área del saber. El tamaño muestral se calculó para cada estrato mediante la fórmula para poblaciones finitas, con nivel de confianza del 90%,
La variable dependiente fue el rendimiento académico esperado al término del primer semestre, operacionalizado como variable dicotómica: rendimiento óptimo (aprobación de todas las asignaturas del primer semestre en la primera oportunidad) y rendimiento no óptimo (recursado de al menos una asignatura de dicho semestre) (Gutiérrez, 2022). Esta información se obtuvo de registros académicos institucionales y se codificó en función del avance esperado al finalizar el primer semestre.
Las variables independientes correspondieron al capital del estudiante, definido desde la perspectiva de Bourdieu como combinación de capital cultural, económico y social, complementado con datos demográficos y variables relativas a la carrera (Bourdieu, 1986; Bourdieu, 2001; Gutiérrez, 2022). La matriz de operacionalización distinguió las siguientes dimensiones e indicadores principales (Gutiérrez, 2022):
Todas las variables independientes se refirieron explícitamente a la situación de los estudiantes durante el cursado de su primer semestre de carrera, es decir, se midieron de forma retrospectiva respecto del periodo 2017–2021 (Gutiérrez, 2022).
La técnica de recopilación de datos fue la encuesta y el instrumento un cuestionario estructurado, construido a partir del marco teórico de Bourdieu y de antecedentes empíricos sobre capital cultural, económico y social en educación superior (Bourdieu, 1986; Bourdieu, 2001; Gutiérrez, 2022). El cuestionario incluyó ítems cerrados que cubrían las dimensiones mencionadas y se organizó siguiendo la matriz de operacionalización que aseguraba la correspondencia entre objetivos, dimensiones teóricas e indicadores empíricos (Gutiérrez, 2022).
La validez del instrumento se evaluó mediante juicio de expertos, utilizando el cálculo del Coeficiente de Validez de Contenido (CVC), conforme a la propuesta de Hernández‑Nieto (2011). Cinco jueces con grado de doctorado —dos nacionales y tres internacionales— evaluaron cada ítem en cuanto a pertinencia, claridad, redacción y adecuación de la escala de respuesta, utilizando una escala ordinal de cinco puntos. A partir de estas valoraciones se obtuvo un
La encuesta se implementó mediante un formulario electrónico en Google Forms, distribuido a través del correo institucional y de mensajería instantánea (WhatsApp) por las direcciones de carrera, sin que la lista de contactos saliera de la universidad (Gutiérrez, 2022). La aplicación se realizó en un único momento durante el periodo de pandemia por COVID‑19, lo que implicó el uso exclusivo de medios virtuales para contactar a los estudiantes (Gutiérrez, 2022).
Los datos obtenidos se exportaron a archivos CSV, se almacenaron en una base de datos relacional SQLite y se analizaron con el Lenguaje R (versión 4.1.1) y RStudio, complementando con herramientas de ofimática para la elaboración de tablas y figuras (Gutiérrez, 2022). En una primera fase se realizó un análisis descriptivo univariado de todas las variables; en una segunda fase se efectuaron análisis bivariados de independencia entre el rendimiento académico esperado y cada variable independiente, globalmente y por área del saber, utilizando el Test Exacto de Fisher para determinar la significación (dependencia o independencia) y el Coeficiente de Cramér V para estimar la magnitud de la relación (Gutiérrez, 2022). La interpretación de Cramér V siguió una escala que clasifica la intensidad de la asociación en categorías como pequeña, moderada o grande, en concordancia con la literatura metodológica adoptada en la tesis (Gutiérrez, 2022).
Las consideraciones éticas incluyeron consentimiento informado implícito al completar la encuesta, garantías de confidencialidad y anonimato, y uso de los datos exclusivamente con fines académicos e institucionales de mejora de la atención al estudiante (Gutiérrez, 2022).
El análisis descriptivo permitió caracterizar a los estudiantes que cursaron el primer semestre entre 2017 y 2021 y respondieron la encuesta, distribuidos por área del saber (Gutiérrez, 2022). Predominó el sexo femenino, llegando a alrededor del 80% en algunas áreas; la edad promedio de inicio de carrera se situó en torno a los 26 años, con una mediana de 20, y aproximadamente el 70% tenía menos de 21 años al iniciar la carrera; la mayoría de los estudiantes eran solteros y no tenía hijos durante el primer año de estudios (Gutiérrez, 2022).
Cerca del 40% declaró la vocación como motivo principal de elección de carrera, mientras que aproximadamente el 45% señaló el potencial de crecimiento económico y profesional como razón relevante (Gutiérrez, 2022). Algo más de la mitad indicó que la carrera actual constituía su primera experiencia en educación superior; cerca de un tercio había cursado anteriormente otra carrera sin culminarla y un porcentaje muy bajo contaba con un título de grado previo (Gutiérrez, 2022). El tiempo transcurrido entre la finalización de la educación media y el inicio de la carrera presentó un promedio de
En el capital cultural familiar se observó una proporción importante de padres con estudios medios completos y menores porcentajes con estudios universitarios, con variaciones entre áreas (Gutiérrez, 2022). El capital cultural académico mostró diversidad en tipos de bachillerato, promedios de la educación media y áreas de mejores calificaciones, junto con diferencias en hábitos de estudio fuera del aula (Gutiérrez, 2022).
En el plano económico, cerca del 78% de los estudiantes trabajaba o había trabajado durante el primer semestre, y alrededor del 63% financiaba mayoritariamente la carrera con sus propios ingresos, mientras que cerca de una cuarta parte dependía de sus padres u otros familiares (Gutiérrez, 2022). Aproximadamente el 70% disponía de acceso a internet permanente para actividades académicas y algo más del 60% contaba con computadora propia, aunque más de la mitad no disponía de un lugar exclusivo para el estudio (Gutiérrez, 2022).
El capital social se describió mediante indicadores de red (personas conocidas que estudian en la universidad y en la misma carrera), integración (hacer amigos, formar grupos de estudio) y comunicación de logros, mostrando distintos grados de inserción en comunidades académicas (Gutiérrez, 2022).
La variable de rendimiento académico esperado se operacionalizó en rendimiento óptimo (aprobación de todas las asignaturas del primer semestre en la primera oportunidad) y no óptimo (recursado de al menos una asignatura). La distribución de estas categorías varió por área del saber, lo que permitió explorar patrones diferenciados (Gutiérrez, 2022).
En las tres áreas analizadas, el patrón general fue convergente (Gutiérrez, 2022):
En Ciencias de la Salud, el máximo nivel educativo del padre y de la madre, el tipo de bachillerato, el promedio general de la educación media, el área de mejores calificaciones y ciertos hábitos de lectura mostraron asociación con el rendimiento, con magnitudes de Cramér V de pequeñas a moderadas (Gutiérrez, 2022). Entre los factores económicos, la condición de estudiante trabajador y algunas formas de financiamiento se relacionaron con el rendimiento (Gutiérrez, 2022).
En Humanidades y Filosofía, factores como la edad de inicio y de finalización de la educación media, el tipo de bachillerato, el promedio y la percepción de pertinencia del rendimiento escolar previo se asociaron con el desempeño en el primer semestre, junto con variables económicas como la carga laboral y la forma de financiamiento (Gutiérrez, 2022).
En Comercio y Administración, se replicó este esquema: el tipo de bachillerato, el promedio de la educación media, el área de mejores calificaciones y los hábitos de estudio universitario se vincularon con la probabilidad de rendimiento óptimo; en el plano económico, la condición de estudiante trabajador, la forma de financiamiento y la disponibilidad de conectividad y equipamiento para el estudio mostraron asociaciones de magnitud pequeña a moderada (Gutiérrez, 2022).
En ninguna de las áreas analizadas los indicadores de capital social —número de personas conocidas que estudian en la universidad o en la misma carrera, compartir logros con amigos, hacer amigos en la universidad, formar grupos de estudio— alcanzaron niveles de significación estadística que permitieran afirmar una relación consistente con el rendimiento académico esperado (Gutiérrez, 2022).
La tesis incluye una tabla de síntesis que resume, por área del saber, los factores de capital cultural, económico y social asociados con el rendimiento y la magnitud de las relaciones según Cramér V, en la que se observa la concentración de factores significativos en los dominios cultural y económico (Gutiérrez, 2022).
En conjunto, los tamaños de efecto obtenidos (V de Cramér) se sitúan entre magnitudes pequeñas y moderadas, lo que indica asociaciones relevantes pero no deterministas entre los capitales considerados y el rendimiento académico esperado (Gutiérrez, 2022).
Los resultados obtenidos confirman, en el contexto de una universidad privada paraguaya, la relevancia del capital cultural y económico en la explicación del rendimiento académico inicial, en línea con la teoría de Bourdieu y con estudios que han destacado el papel de estos capitales en la configuración de trayectorias educativas (Bourdieu, 1986; Gutiérrez, 2022). La asociación entre el rendimiento en el primer semestre y las credenciales escolares previas (tipo de bachillerato, promedio de la educación media, área de mejores calificaciones) sugiere que el capital cultural institucionalizado sigue operando como un recurso diferenciador que facilita la adaptación a las exigencias universitarias (Gutiérrez, 2022). Asimismo, los hábitos de lectura y de estudio, en tanto expresiones del capital cultural incorporado, aparecen vinculados al desempeño, reforzando la idea de que los estilos de relacións al desempeño, reforzando la idea de que los estilos de relación con el conocimiento adquiridos en etapas previas influyen en la educación supe|Gutiérrez, 2022]]).
El hallazgo de asociaciones significats al desempeño, reforzando la idea de que los estilos de relación con el conocimiento adquiridos en etapas previas influyen en la educación supeimiento académico esperado confirma que las condiciones materiales de vida de los estudiantes inciden en su capacidad de dedicar tiempo y energía al estudio (Gutiérrez, 2022). La alta proporción de estudiantes trabajadores y de quienes financian la carrera con sus ingresos muestra que el tiempo de trabajo remunerado constituye una variable estructural, no marginal, en la experiencia universitaria, con impacto directo sobre las oportunidades efectivas de cumplir con las demandas curriculares (Gutiérrez, 2022).
La ausencia de evidencia estadística de asociación entre el capital social y el rendimiento académico esperado, pese al énfasis de la literatura en el rol de las redes y del sentido de pertenencia en la permanencia estudiantil, abre interrogantes llamativas (Gutiérrez, 2022). Una posible explicación reside en la forma de operacionalización del capital social, centrada en indicadores cuantitativos de red (número de conocidos, pertenes al desempeño, reforzando la idea de que los estilos de relación con el conocimiento adquiridos en etapas previas influyen en la educación supeza del acompañamiento o la calidad de las relaciones con pares y docentes (Gutiérrez, 2022). Otra posibilidad es que el efecto del capital social se haga más visible en etapas posteriores de la trayectoria, cuando las redes académicas alcanzan mayor densidad y estabilidad, lo que excede el foco acotado al primer semestre (Gutiérrez, 2022).
Desde la perspectiva de política institucional, los hallazgos sugieren la conveniencia de orientar las estrategias de mejora de la permanencia y el rendimiento en el primer año en dos direcciones complementarias (Gutiérrez, 2022). Por un lado, el fortalecimiento del capital cultural académico mediante programas de nivelación, acompañamiento a la transición, tutorías y dispositivos que apoyen especialmente a estudiantes provenientes de bachilleratos o contextos con menor capital cultural (Gutiérrez, 2022). Por otro, el diseño de políticas de apoyo económico —becas, flexibilización de aranceles, modalidades de cursado que compatibilicen estudio y trabajo, acceso garantizado a recursos tecnológicos y espacios adecuados para el estudio— que atiendan las condiciones materiales que restringen el tiempo disponible para el aprendizaje (Gutiérrez, 2022).
En términos metodológicos, el diseño ex post facto con datos retrospectivos introduce limitaciones, como posibles sesgos de recuerdo en las respuestas sobre la situación personal y familiar durante el primer semestre; sin embargo, la combinación de registros académicos con datos autoinformados, la validación de contenido del instrumento y el muestreo probabilístico por áreas del saber aportan robustez a los resultados (Gutiérrez, 2022). Futuras investigaciones podrían complementar este enfoque con estudios longitudinales que sigan cohortes desde el ingreso, con mediciones repetidas de capitales y rendimiento, así como con instrumentos más sofisticados para captar el capital social y modelos multivariados que exploren interacciones entre capital cultural, económico y social (Gutiérrez, 2022).
El estudio muestra que el capital cultural del estudiante —expresado en el nivel educativo de los padres, el tipo de bachillerato cursado, el rendimiento previo en la educación media y los hábitos de lectura y estudio— se asocia de manera estadísticamente significativa con el rendimiento académico esperado al término del primer semestre en las áreas de Ciencias de la Salud, Humanidades y Filosofía, y Comercio y Administración de una universidad privada paraguaya (Gutiérrez, 2022). El capital económico —en particular la condición de estudiante trabajador, la forma de financiamiento de los estudios y la disponibilidad de recursos tecnológicos y espacios para el estudio— también presenta asociaciones significativas con el rendimiento académico esperado, con magnitudes de relación que varían entre pequeñas y moderadas según el factor y el área del saber (Gutiérrez, 2022).
En cambio, el capital social, operacionalizado a través de indicadores como el número de personas conocidas que estudian en la universidad o en la misma carrera, la formación de grupos de estudio y el compartir logros académicos con amigos, no muestra evidencias de asociación estadísticamente significativa con el rendimiento académico esperado al término del primer semestre en ninguna de las áreas analizadas (Gutiérrez, 2022). Esta ausencia de asociación no debe interpretarse como irrelevancia del capital social en la trayectoria universitaria, sino como límite de la operacionalización utilizada y del foco en el primer semestre. En este sentido, la falta de significación estadística del capital social en el primer semestre debe leerse más como un límite de la operacionalización y del momento de observación que como evidencia de irrelevancia de las redes y vínculos en la trayectoria universitaria de más largo plazo (Gutiérrez, 2022).
Los resultados permiten definir perfiles diferenciados de estudiantes por área del saber que combinan rasgos demográficos, capital cultural y capital económico, y que pueden utilizarse como insumo para diseñar intervenciones focalizadas de apoyo académico y socioeconómico (Gutiérrez, 2022). La evidencia refuerza la necesidad de fortalecer políticas de nivelación y acompañamiento académico en el primer año, así como de implementar programas de apoyo económico y modalidades de cursado flexibles que contemplen la alta proporción de estudiantes trabajadores, con el fin de mejorar la permanencia y el rendimiento en la educación superior (Gutiérrez, 2022).
En términos más amplios, el estudio aporta una aplicación concreta de la trilogía habitus–campo–capital al análisis del rendimiento académico inicial, mostrando cómo los capitales acumulados por los estudiantes y las condiciones del campo universitario se combinan para producir trayectorias educativas diferenciadas (Bourdieu, 1977; Gutiérrez, 2022).